martes, 8 de julio de 2014

Pedalea conmigo

Ir en bicicleta es algo que no se olvida. Una vez ya has aprendido a andar con ella consigues esa habilidad de por vida. Hay paseos en bicicleta que tampoco se olvidan. Al más puro estilo retrasar el placer, las bicis de Madrid nos han puesto la paciencia a prueba durante dos semanas antes de dejarse probar. Una vez más, el destino ha tenido el capricho de que no funcionase hasta que lo diéramos por perdido y dejásemos de intentarlo desesperadamente.

Otra vez esa emoción de estrenar algo juntos, y ya van unas cuantas de estas. Las luces de la ciudad en la noche, el viento en la cara y nuestros ojos llorosos ante la belleza del momento. Girarme y ver tu sonrisa pedaleando junto a mí. Alargar la mano y acariciarte intentando no perder el equilibrio. Leer en tus ojos que aquí y ahora eres feliz. Leer en mis ojos que no podría estar más a gusto.

La lista de cosas pendientes se va haciendo cada vez más larga, pero cada pequeño detalle superado es un gran logro a celebrar. Al principio quizá impresione y tenga un punto de vertiginoso, pero si consigues relajarte, esa enorme lista puede verse como algo realmente bonito. Un último abrazo antes de bajar la última caja. Una sonrisa más antes de apagar la luz. Un empujoncito de la asistencia eléctrica en las cuestas más difíciles de remontar. Un ratito tumbados en el suelo buscando las estrellas. Paso a paso, día tras día, de risa en risa, estamos construyendo algo grande.

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